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El psicópata, un delincuente ideal

El psicópata, un delincuente ideal.

El psicópata, un delincuente ideal.

En primer lugar, hay que dejar claro que no todos los responsables de delitos violentos son psicópatas y que no todos los psicópatas son delincuentes. Pero, como dice Robert D. Hare, uno de los investigadores más importantes sobre la psicopatía, “si el crimen es la descripción del puesto de trabajo, el psicópata es el candidato perfecto”. Además, los psicópatas sí que son responsables de un buen número de delitos violentos y, fuera de los casos en los que media la estructura de una organización criminal (terrorismo, tráfico de drogas, mafias varias), la violencia del psicópata será la más destacada entre el resto de los criminales.
En el DSM-IV se dice que la característica esencial del trastorno antisocial de la personalidad (psicopatía) es un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás. Los sujetos que lo padecen muestran una falta de capacidad para experimentar los componentes emocionales de la conducta personal e interpersonal y, si muestran algún interés por los demás es para servirse de ellos como instrumentos. En los casos de conductas antisociales más alteradas, los sujetos suelen presentar incapacidad para mantener una conducta laboral consistente, irresponsabilidad en los deberes familiares, irritabilidad constante, ausencia de temor y culpa, dificultades de adaptación a las normas, promiscuidad sexual, abuso de sustancias y necesidad de “acción”, con dificultades para soportar el aburrimiento o la vida rutinaria. Por todo esto, se puede equiparar el trastorno antisocial con la delincuencia, pero, si bien hay una clara relación entre ambos conceptos, éstos no son sinónimos y ninguno de los dos términos es inclusivo del otro.

El delincuente habitual, poseedor de un historial delictivo prolongado y que vive inmerso en un ambiente marginal puede ser fácilmente confundido con un psicópata. Para que esto no ocurra, hay que tener en cuenta varios detalles:

* El psicópata rara vez se aprovecha de los beneficios que genera por la comisión del acto delictivo y casi nunca se implica de forma consistente en la carrera criminal.

* El delincuente habitual pretende conseguir cosas que todos queremos (dinero, por ejemplo), sólo que para ello emplea métodos que nosotros deploramos. En cambio, el psicópata suele perseguir objetivos que los demás puedan comprender.

* El delincuente ordinario se protege a sí mismo al máximo sin preocuparse demasiado del bienestar de los otros, pero el psicópata en muchas ocasiones se pone en situaciones de gran inconveniencia para él mismo.

* El psicópata típico no comete crímenes muy graves, ni ingresa en prisión por largo tiempo. Es cierto, como hemos comentado, que los delincuentes muy violentos y crueles tienen alta probabilidad de ser criminales psicópatas, pero la mayoría de los psicópatas no se convierten en ese tipo de sujetos.

También hay que tener en cuenta que algunos individuos presentan un comportamiento antisocial y agresivo no porque sean psicópatas o seres emocionalmente anormales, sino porque han crecido en medio de una subcultura de delincuencia o en ambientes que favorecen –o incluso que premian- tales conductas, que a pesar de estar censuradas por las normas sociales, están en concordancia con las de su propio grupo, pandilla o familia. Este tipo de sujetos son psicópatas asociales o delincuentes subculturales, que se diferencian de los “verdaderos” psicópatas porque son capaces de guardar una inquebrantable fidelidad y de mantener unas cálidas relaciones con los demás miembros de su grupo.

Ser delincuente, insistimos, no significa necesariamente que no se tenga conciencia. Los delincuentes habituales pueden seguir las reglas del grupo al que pertenecen, aunque difieran de los valores sociales globales. Los delincuentes pueden llegar al crimen por muchas vías, la mayoría de las cuales son fuerzas externas a ellos: algunos lo aprenden al crecer en familias o ambientes en los que la conducta delictiva es la norma aceptada; otros son víctimas del “ciclo de violencia”, es decir, fueron víctimas de malos tratos que se convirtieron en abusadores o maltratadores; los hay que cometen delitos movidos por necesidades imperiosas, como el que es adicto y, sin recursos, roba para poder comprar droga; también algunos cometen “crímenes pasionales” y después de cumplir su condena en prisión no vuelven a delinquir. Muchos de los delincuentes, si no contasen con los factores externos (pobreza, violencia doméstica, alcoholismo…) no habrían caído en el delito.

Pero hay otro tipo de individuos que cometen delitos porque es algo que les va bien, al ser más fácil y lucrativo que trabajar o, simplemente, porque les excita cometerlos. No todos los individuos de este tipo son psicópatas, pero para los que lo son, el delito no es resultado de las condiciones sociales adversas, sino de una estructura de la personalidad que no tiene en cuenta las reglas y normas que regulan la sociedad.

Rasgos de la psicopatía asociados a la delincuencia

De lo que no cabe duda es que las personalidades antisociales han suscitado gran alarma social por los factores de criminalidad que están asociados a ellas. Y es que varios rasgos de la psicopatía parecen ejercer un influjo directo e independiente sobre la decisión de transgredir la ley.

Un claro ejemplo lo constituye el sentido grandioso del yo que padecen estos sujetos, creyéndose superior a cualquiera, y cuya necesidad de estatus, dominio y poder puede ser cubierta a través del crimen y de la violencia –con el dominio y la violencia obtienen control sobre la víctima a la vez que muestran desprecio y superioridad sobre otros delincuentes e incluso sobre la policía, al tiempo que su estatus se ve favorecido si como consecuencia del delito obtienen recompensas económicas-. Además, la falta de empatía y “experiencia afectiva deficiente” del psicópata hacen que el crimen no tenga ningún coste psicológico para él. Por no olvidar que se trata de sujetos impulsivos e irresponsables, que no piensan en las consecuencias que les depararán sus acciones y que siempre buscan nuevas sensaciones.

Como vemos, pues, muchas de las cualidades del psicópata lo hacen el candidato ideal para ser un delincuente reincidente, violento e incluso sádico. Por eso, la asociación entre conducta criminal y psicopatía es muy sólida. Y también porque los psicópatas están muy bien representados en las poblaciones carcelarias y llevan a cabo una buena proporción de los actos delictivos totales. Además, las personas con este trastorno que cometen delitos suelen ser mucho más activos en su historia delictiva que ningún otro sujeto delincuente. Se puede decir, por lo tanto, que la estructura de la personalidad del psicópata supone un peligro para la sociedad: su capacidad de aprovechar cualquier situación que aparezca, sumada a su falta de control interno, da lugar a una potente fórmula para el crimen.

La falta de ética en sus planteamientos les lleva a cometer reiteradamente actos antinormativos y delitos. Aunque la mayoría de los sujetos con este trastorno se las arregla para no delinquir, se encuentran en gran porcentaje entre asesinos en serie, violadores, ladrones, timadores, maltratadotes, criminales de cuello blanco, tiburones de la Bolsa, abogados perniciosos, barones de la droga, jugadores profesionales, maltratadotes de mujeres y niños, miembros del crimen organizado, médicos a los que han retirado sus licencias, terroristas, líderes espirituales, mercenarios y hombres de negocios sin escrúpulos.

Características de los delitos cometidos por psicópatas

Hay varias características generales en los delitos cometidos por psicópatas. Como hemos podido deducir del párrafo anterior, cometen delitos de gran variabilidad, contando con una tipología delictiva muy diversa (desde delitos contra la salud pública hasta agresiones sexuales, pasando por estafas y robos con intimidación) y muchos de los delitos que cometen suelen producirse con una gran agresividad. Además, se caracterizan también por la aparición precoz (generalmente en la adolescencia), la tendencia a la reincidencia y la incorregibilidad. Un dato significativo en cuanto a la incorregibilidad y la tendencia a reincidir de éstos lo encontramos en los últimos estudios sobre reincidencia en Estados Unidos, donde según Hare, la tasa de reincidencia de los psicópatas es el doble que la de los otros delincuentes y la tasa de reincidencia en actos violentos es tres veces más elevada en los psicópatas que en los demás. Por lo general, la actividad delictiva de los psicópatas sigue un alto nivel hasta los 40 años y después decrece –esta disminución es más acusada en el caso de los actos no violentos que en el de los violentos-, pero no todos dejan de delinquir a partir de esta edad y, además, un descenso de los actos delictivos cometidos no significa que su personalidad haya padecido también un cambio.

Los homicidios que ocurren como consecuencia de una pelea doméstica o entre amigos o conocidos son hechos aislados, cometidos por personas cabales y con remordimientos y es improbable que se vuelvan a repetir. Pero la violencia del psicópata carece de emociones y se puede precipitar fácilmente con hechos de la vida cotidiana. En un estudio realizado por Hare, Williamson y Wonng con un 50% de sujetos psicópatas y un 50% de sujetos no psicópatas, examinando registros policiales de hechos delictivos violentos que estos habían llevado a cabo, se observa que los crímenes violentos cometidos por unos y otros diferían en varios puntos importantes. La violencia de los delincuentes normales solía darse en una situación de disputa doméstica o en un período de agitación emocional intenso, pero la del psicópata ocurría durante la comisión de un delito o borrachera, o bien estaba motivada por un afán de venganza o castigo. Otra conclusión importante a la que llegaba el estudio es que dos terceras partes de las víctimas de delincuentes normales eran miembros de sus familias, amigos o conocidos; pero otras dos terceras partes de las víctimas de los sujetos psicópatas eran completamente ajenas a ellos.

La violación es un buen ejemplo del uso de la violencia insensible, egoísta e instrumental por parte del psicópata. No todos los violadores lo son, pero se cree el 50% de los violadores reincidentes sí que los son. Sus actos sexuales son el resultado de una potente mezcla: expresión desinhibida de impulsos y fantasías sexuales, deseo de placer y control y percepción de la víctima como objeto de placer y satisfacción.

Los psicópatas constituyen también una proporción significativa de los maltratadotes persistentes, además de suponer un peligro para el buen funcionamiento de los programas psicológicos dirigidos a maridos maltratadotes, pues son más resistentes al cambio (recordemos que estos sujetos se caracterizan por su incorregibilidad) y si acuden es por agradar y poder conseguir atenuaciones en sus condenas.

Como delincuentes de cuello blanco, los psicópatas no engañan y manipulan sólo a aquellos que pueden facilitarles grandes sumas de dinero, sino también a amigos, familia y sistema judicial. Muchas veces consiguen eludir la cárcel e incluso cuando los encarcelan suelen recibir una sentencia suave con reducción de la pena, pero al estar libres vuelven donde lo dejaron antes. Dada su personalidad, no es de extrañar que, además, puedan convertirse en grandes impostores, sin dudar cuando tienen que falsificar y usar impresionantes credenciales que les aporten credenciales para adoptar, camaleónicamente, papeles que les dan prestigio y poder, además de facilitarles sus engaños y estafas.

Pero son también las características de su personalidad las que hacen que, a diferencia de otros delincuentes no psicópatas, no muestren lealtad a grupos, códigos ni principios, más que al ser ellos mismos los “número uno”, por lo que la policía puede llegar a servirse de ellos para descubrir, por ejemplo, células terroristas, ya que pueden confesar más fácilmente para poder salvarse a ellos mismos. Aunque no siempre es así, existiendo la posibilidad de que los psicópatas con mayor capacidad de autocontrol logren escalar posiciones elevadas en la subcultura criminal, gracias a su notable encanto superficial y, en algunos casos, a su elevada inteligencia.

El asesino en serie psicópata

Sin duda, el tipo de delincuente psicópata más escalofriante es el asesino psicópata y, particularmente, el asesino en serie psicópata. Hay dos formas principales de predisposición a tornarse un asesino en serie: un trastorno mental grave (comúnmente una psicosis paranoide) o un trastorno profundo de la personalidad (concretamente una psicopatía). La distinción entre un asesino cuerdo –recordemos que el psicópata se considera un ser cuerdo, pues no padece alucinaciones ni delirios y es capaz de distinguir entre el bien y el mal- y uno demente es muy difícil, porque es muy difícil entender que alguien que no padece un trastorno mental pueda torturar, matar e incluso llegar a comerse a su víctima.

El egocentrismo desmesurado de los sujetos con este trastorno supone para ellos una motivación que les lleva a utilizar cualquier método de aniquilación cuando alguien puede perjudicarles o suponerles una dificultad en su camino. Por ejemplo, pueden eliminar a alguien que les haga sombra sin ningún tipo de reparo moral si quieren ascender. Además de egocéntrico, el psicópata está falto de ética, no padece sentimientos de culpa y no se inmuta ante el sufrimiento de los demás, por lo que constituye un asesino frío, desalmado y sin escrúpulos.

Finalmente, cabe decir que esta frialdad, falta de empatía y carencia de remordimientos hacen que los psicópatas, cuando delinquen y particularmente cuando asesinan en serie, se comporten como verdaderos monstruos. Planean con detalle su delito, así que sabe lo que va a hacer y, además, suele hacerlo para llevar a cabo una fantasía aberrante que suele recrear desde su infancia o adolescencia. Sus víctimas suelen tener por eso una imagen similar. También suelen llevar consigo un “kit” con las herramientas necesarias para llevar a cabo sus crímenes y quedarse con algún “trofeo” de las víctimas. Y suelen seguir los avances de la investigación por el placer de seguir controlando la situación.

Autora: Ruth Asensio

¿Que es un Psicópata?

¿Que es un Psicópata?

¿Que es un Psicópata?

Generalmente se suele hablar erróneamente sobre la psicopatía, incluso hasta el punto de considerar a cualquier criminal un psicópata. Lo cierto es que, quienes padecen dicho trastorno psíquico, son personas que tienen una marcada dificultad para empatizar y un particular egoísmo, que les impide medir las consecuencias de sus actos.
Caracterizados por una impactante frialdad, los psicópatas tienen plena consciencia de sus acciones, debido a esto son perfectamente imputables y su conducta criminal es consciente.

Características

La psicopatía ya no se considera simplemente una enfermedad. Hoy por hoy, al hacer referencia a ella, se suele hablar de “alteración divergente de la personalidad” o de “personalidades psicóticas de tipo borderline”. De todos modos, el significado es el mismo: un trastorno psiquiátrico que define a una persona ególatra, que actúa con frialdad, consciente de lo que hace pero lo suficientemente impulsiva como para satisfacer sus impulsos sin importar qué ni quien se le ponga delante.

Los psicópatas no pueden empatizar ni sentir culpa. Debido a esto, tienden a objetivar a las demás personas, a tratarlas como si fueran un objeto, un mero fin o instrumento para lograr lo que pretenden. Está claro que un psicópata no tiene necesariamente que ser un asesino despiadado. También pueden hacer cosas tan disímiles como mentir o participar en causas solidarias, pero siempre pensando en el beneficio propio.

Debido a que saben perfectamente lo que hacen son imputables por la justicia. Sus actos criminales los hacen ignorando las leyes, no por desacato a ellas (como podría hacerlo un sociópata) sino por falta de interés en cumplirlas, ya que se interponen a sus objetivos. A efectos penales, hace mucho que se planteó el dilema sobre si una personalidad divergente de este tipo es imputable y se ha llegado al acuerdo de que sí deben serlo. Es que la persona mantiene consciencia de sus actos y puede evitar cometerlos, demostrando en la mayoría de los casos que existe falta de remordimiento y pretenden lograr la justificación de sus actos, ejecutados con frialdad.

Tratamiento

Es importante saber que la psicopatía es incorregible, aunque se pueden utilizar fármacos antipsicóticos para reducir su impulsividad. Pero se estima que las terapias no son recomendables para tratar estos casos y hasta incluso pueden llegar a ser perjudiciales. Debido a la falta de empatía que tienen las personalidades psicopáticas, pueden llegar a emprender una terapia de rehabilitación sólo para reducir sus penas, demostrando que están en condiciones, ya que al no haber empatía, la rehabilitación se basará en el egoísmo del propio sujeto tratado.

Psicopatía vs Sociopatía

Frecuentemente se suelen confundir con facilidad los términos “sociópata” y “psicópata” que, si bien tienen muchísimas similitudes entre sí, no son el mismo trastorno. Según la psicoterapeuta Elizabeth León Mayer, la mayor diferencia que existe entre un sociopatía y un psicópata es que el primero es “un sujeto cuya principal característica es la transgresión, la falta de culpa y la total falta de respecto por la vida y los bienes de los demás. Pero también, se trata de un sujeto que se involucra en una violencia reactiva, cuya historia vital explica gran parte de la rabia que el sujeto tiene como emoción diferenciadora de sus conductas, o ha sido modelado en un ambiente tendiente a lo antisocial en donde la violencia constituye la forma aceptada de resolución de conflictos. No ocurre lo mismo con el psicópata, cuya historia vital no explica gran parte de los actos que comete, y su violencia es del tipo instrumental puesta al servicio de sus intereses, sean estos amedrentar a la víctima, obtener beneficios económicos, sexuales o de cualquier otra índole o simplemente su satisfacción personal”.

Un estudio realizado por Walsh, Swogger y Kosson en 2005 indica que “es factible sugerir que los psicópatas se involucran en una violencia instrumental, premeditada y a sangre fría; mientras que las personas que sufren de un TPA se traban en una violencia defensiva”. Por su parte, el investigador en materia psiquiátrica Beck manifiesta que “es posible distinguir los distintos tipos de criminales por diferencias en su nivel cognitivo”. Sobre todo remarcando que existe una violencia reactiva, defensiva, influida por la desconfianza (TPA) y otra violencia inducida por los sentimientos de superioridad y control, con el deseo de tener derecho a todo, que es la que ejecutan los afectados por la psicopatía.

Investigaciones neurológicas

Muchas investigaciones médicas en la actualidad indican que las personalidades divergentes de tipo psicopática demuestran una menor actividad cerebral en lóbulo prefrontal, casualmente aquel donde se registran los estímulos relacionados con la empatía. Es allí donde se producen los razonamientos morales y, en psicópatas, esa actividad neuronal fue prácticamente nula, según un estudio publicado por el British Journal of Psychiatry Reports.

En ese trabajo se puede observar que los psicópatas muestran menos actividad en áreas del cerebro relacionadas con la evaluación de las emociones vinculadas a las expresiones faciales y son menos receptivos a los rostros que reflejaban temor con respecto a las personas que no padecen psicopatía.

Por Carlos Cabezas López

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